jueves, 21 de marzo de 2013

Schanton acerca de "The next day" de David Bowie

Pablo Schanton publicó una nota muy interesante en la revista Ñ sobre el último trabajo de Bowie, recientemente editado...

Eternidad e incertidumbre

Tras una década, David Bowie se reinventa y vuelve al disco. “The Next Day” es un ejercicio pop pensado para la Web 2.0 pero que alude irónicamente, y desde la cubierta, a su propio pasado.


Lo ideal sería no leer esta nota en papel. Y si no queda más remedio, que una computadora esté a mano, para googlear y linquear. David Bowie se tomó una década de ausencia para estudiar cómo debía ingresar al siglo XXI. Y decidió hacerlo por Internet. Sin poner el cuerpo: con visiones y sonidos que irrumpieran básicamente online .
The Next Day, su nuevo álbum en diez años, reiventó el lanzamiento discográfico, para que fuera celebrado como un acontecimiento audiovisual, a la medida de la conectividad permanente e inmediata en que nos encontramos (y nos perdemos). Por eso, The Next Day (en su página oficial es igual a “TND”) es el resultado de una decisión sobre cómo concebir “el objeto antes llamado disco” con sentido artístico y hacerlo público hoy. Digamos, lo mismo que antes en esta década lo fueron My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010) de Kanye West, Biophilia (2011), de Björk, y Born to Die (2012), de Lana del Rey. O lo será el Pop Art que prepara Lady Gaga.
TND es un ejercicio de pop siglo XXI pensado para YouTube, i-Tunes, Tumblr y blog, que desemboca en un álbum (o al revés, no importa). Por si fuera poco, el boom de TND depende de un contexto mayor: la retrospectiva David Bowie Is en el museo Victoria & Albert de Londres. Entre el archivo de sí mismo y su aterrizaje en el ritmo de Internet, entre la reactivación del pasado (atentos al nombre de la muestra) y la continuidad con medios del presente (chequear el título del disco), se desarrolla este ex Duque Blanco modelo 2013. Primero que nada, aprendió la moraleja de que “El anónimo de YouTube mató al ídolo de MTV”, en plena invasión Psy-Harlem Shake.
El 8 de enero y el 25 de febrero lanzó sus dos primeros cortes y videos correspondientes. La primera fecha, que coincide con su cumpleaños 66, sólo salió a hablar del disco por la BBC su productor, el histórico Tony Visconti, mientras se conocía la tapa del disco y se subía el clip de la balada-limbo “Where Are We Now?”, dirigido por Tony Oursler. Hace tres años, este videoartista extendió en nuestra Fundación Telefónica su instalación Switch, que incluía un muñeco con cara de Bowie proyectada. La misma idea vuelve aquí con dos muñequitos, solemnemente ridículos (como le gusta a Bowie desde que conoció a Buster Keaton). Letra e imágenes repasan la Berlín que vivenció el músico allá a fines de los 70, cuando grabó con Brian Eno la trilogía Low-Heroes-Lodger. Como la cubierta diseñada por el británico Jonathan Barnbrook repetía la tapa de Heroes, pero con el título tachado y el “The Next Day” encima, se pensó que el álbum arrastraba una nostalgia por aquellos días berlineses. Sin embargo, la referencia es más amplia, pasa de la biografía a la Historia: dónde estamos ahora que cayó el Muro, que todos somos capitalistas, que es el siglo XXI, que hay crisis… Es un gran “Y ahora, ¿qué?”, irónicamente valseado. Como en la “God” de Lennon, finalmente aquí las únicas certezas son elementales y afectivas: el sol, la lluvia, yo, vos. La iluminación zen resumida en una rima: Know/Now .
Todos los medios del mundo reproducían los adelantos de Visconti (Bowie, ni mu): el disco era mucho más roquero. Convengamos que no es un retorno al ruido trajeado de Tin Machine, aunque los ángulos de “Prisoner of Love” y la combustión de “Pretty Things” del 89 hoy se recuperen, luego de dos discos tan anodinos como Heathen (2002) y Reality (2003). Pero falta un Robert Fripp para hacer un Scary Monsters… (1980), así que a consolarse con que TND sea un álbum excepcionalmente inspirado. Luego de que los grandes críticos (Roberts, Reynolds, Morley, Gill) fueron obligados a escuchar los temas sólo en las oficinas de la discográfica (paranoia pos piratería), una de las jugadas de Bowie fue ofrecer el álbum gratis como streaming en i-Tunes. Las reviews escritas a las apuronas no sirvieron de adelanto exclusivo, ya que la gente podía escuchar los tracks antes de leerlas. Cuando el disco salió, se pudo comprobar que en el pack la data no sobraba. “En un mundo donde estamos asaltados por signos y mensajes compitiendo urgentemente por nuestra atención, la única forma de verse distinto es restar y tener un espacio calmo y minimal”, explica Barnbrook. Es esta alternancia entre mostrarse y desaparecer la que irritó al cantautor Momus, quien para demostrar que estaba más en sincro con Internet, subió sus propios covers de esos temas de Bowie a YouTube, justo el mismo día en que se anunciaron. Como lo expone en: http://imomus.com/, lo que este escocés no soporta es que su ídolo prefiera la histeria de dejar deseando (finalmente, inventar un nuevo márketing), a invadir de música la red, que es lo que hace él.
La referencia a “El día siguiente” enseguida se leyó en las metáforas fúnebres del tema homónimo: “Aquí estoy/No del todo moribundo/Mi cuerpo fue abandonado para que se pudra en un árbol hueco.” Pero quién puede creer que cuando Bowie dice “Yo”, ese yo no es otro. Como escribe el crítico Chris Roberts, tras citar otros versos que parecen trampas para los ratones de los críticos (“Soy un mentiroso/soy un visionario”): con Bowie, “nunca sabemos qué es una confesión y qué es un personaje”.
En el blog http://virusfonts.com, Barnbrook explica por qué la tapa no lleva color. “El título evoca… el monólogo de Macbeth: ‘Mañana, y mañana y mañana’, que se relaciona con la continuidad que empuja hacia adelante, requerida por toda posición antinatural de poder. Es además el elemento existencial de Esperando a Godot, esperando el día que vendrá: todo parece cuestionar la naturaleza de la existencia, por eso una paleta monocroma fue la más apropiada para ese sentimiento”. Esta dialéctica entre Macbeth y Godot es lo que dramatiza el segundo corte-clip de TND, “The Stars (Are Out Tonight)”. Nuestra Esponja Pop estuvo chusmeando un recomendadísimo blog llamado http://tildastardust.tumblr.com, “Dedicado a la creencia de que Tilda y Bowie son una sola persona”, donde la actriz Swinton y él son comparados. En el clip , Bowie y la protagonista de Orlando buscan en vano rectificar su imagen andrógina y pos humana, haciendo de vulgares marido y mujer. Pero vuelven como fantasmas las estrellas que fueron de jóvenes, para acosarlos. En el tráiler publicitario de Reality un Bowie actual merodeaba una casa-museo, donde habitaban todos sus personajes. No puede escapar de su propio “esquizódromo”, de su propio catálogo de Bowies, de sus mitos.
Si eso de “Un hombre perdido en el tiempo/ simplemente ayudando a caminar a los muertos” tampoco es una autodescripción, al menos contiene una cita de otra canción anterior (“Dead Man Walking”), lo cual nos permite ratificar que se trata de un Bowie auténtico. Cuando canta “El olvido te poseerá la muerte sola te amará”, uno piensa que si alguna patología recorre tanta auto-referencialidad, sería una especie de Alzheimer. Lo que Andy Gill llama “el palimpsesto de su historia”: relámpagos desencadenados de un pasado que no puede anularse así nomás, como la tapa de Heroes. “Algunos dicen que Bowie es puro estilo superficial e ideas de segunda mano, pero eso suena como una definición de pop para mí”, lanzó Brian Eno. Hoy Bowie se siente sinónimo de pop: ahora le basta con citarse a sí mismo en un nuevo medio para sobrevivir. Mientras tanto, Madonna y Lady Gaga cranean cómo reinventarse este año.