lunes, 29 de octubre de 2012

Mapeando al periodismo de rock...

Extraigo unos interesantes parrafos de una nota que se le realizò a Pablo Schanton, a mi humilde entender, uno de los pocos periodistas que problematiza el rol del periodismo de rock, en nuestro pais. "Hace poco se editó aquí el libro “100 veces Pappo” de José Bellas y Fernando García: es un ejemplo de crítica de rock lúdica hecha en Argentina, siguiendo la línea que fundó “Agarrate!” de Juan Carlos Kreimer y que no fue muy bien desarrollada luego, donde ganó el periodismo solemne, de data, y que le chupa las medias a los músicos. El Expreso Imaginario (LA revista de cultura rock argentina) fue muy circunspecto hasta la entrada de Pettinato, y para el desparpajo hay que esperar hasta Revólver. “Peter Capusotto y sus videos” es la hipérbole televisiva de esta crítica de rock que no se puede ejercer porque nuestra escena es, finalmente, pacata y pueblerina: somos pocos y nos conocemos todos. Criticar la música o la actitud de un rockero famoso equivale a ser denostado y ser marginado profesionalmente. Por eso, el camino del humor fue el que encontró Capusotto y todos lo aplaudimos, no sólo como comediante, sino también porque se animó a decir cosas que no podíamos a riesgo de perder trabajo". “De la dialéctica internacional-local salen las mejores cosas y la historia de nuestro rock es la historia de esa dialéctica. En ese sentido, la función del periodista de rock sudamericano es irremplazable”. "Entonces, ¿por qué no existe la crítica de rock en Argentina? El trabajo histórico de quienes vivimos acá al sur de todo fue, por un lado, importar tendencias, explicar qué pasa “allá”, informar y además analizar si es posible. Por el otro, alimentar una escena local, la nuestra. Estas dos vertientes se comprueban en el Rosso del Expreso Imaginario, allá en los últimos ’70/ primeros ’80, pero tienen raíces ya en revista Pinap, para ir bien atrás. El hecho de no vivir en los EE. UU. ni en Gran Bretaña -el eje anglo del rock-, nos obliga a que nuestro trabajo sea doble: no creo en la mera importación sin pie en lo local ni en lo contrario, es decir, “cerrar las fronteras” para apoyar sólo lo que se haga adentro". "De la dialéctica internacional-local salen las mejores cosas y la historia de nuestro rock es la historia de esa dialéctica. En ese sentido, la función del periodista de rock sudamericano es irremplazable y su GPS no puede dejar de andar tan estrábico: uno debería saber zigzaguear entre U2 y Las Pelotas si quiere mapear las cosas en serio".